La compasión, la capacidad de compartir el sufrimiento y el dolor de otra persona es, desde luego, un valor universal. Sin embargo, cuando compadecemos a alguien, hacemos patentes sus debilidades. Por eso la compasión puede ser rechazada por muchos españoles, especialmente, chicos:
No me compadezcas, no necesito tu compasión
La expresión Te compadezco suena algo distante (aunque depende totalmente del tono). Así
¿¿¿Estás saliendo con ese maltratador??? Te compadezco
no suena como palabras de una amiga, sino más bien proviene de una sabia observadora que prevé unas consecuencias desastrosas.
Tampoco usamos el verbo compadecer para consolar a los niños. Si un niño se ha hecho daño nunca le diremos "te compadezco", sino algo así:
¡Pobrecito!
Ven, cariño, ven que te doy un beso
¡Ay, ay, ay, cuánto sufre! / ¡Cuánto le quiero yo!
Los diccionarios dan pocos sinónimos para compadecer, y es por algo. Las expresiones dar pena y dar lástima en segunda persona suenan humillante, con menosprecio:
Me das pena = Me das lástima = Eres patético, no vales para nada
Estas expresiones se suelen dirigir a personas que, para nosotros, están muy equivocadas
Eres un puto egoísta. Me das pena = Sé que tu egoísmo te va a destruir un día, sé que estás muy equivocado siendo tan egoísta
En cambio, hablando de la situación en general sí se pueden usar:
Me da mucha pena que te hayan despedido
Entonces, ¿cómo podemos mostrar una verdadera compasión? La mejor manera es esta:
Lo siento mucho / Cuánto lo siento
También podemos solidarizarnos enfadándonos y despotricando
Jo, qué faena / qué putada
Menudos cabrones